Cambiar la conducta
de un adolescente puede resultar una tarea sumamente complicada, y desgastante.
Debemos tener en
cuenta que la adolescencia es una etapa de cambios y conflictos, pero también es
una en la que establecen, sus propias creencias, valores y expectativas con
respecto a su vida.
Es un periodo de
constante autoevaluación cuyo ajuste finaliza, en la independencia emocional y
social en la adultez.
Puedes pensar que
cuando le pides a tu hijo adolescente, que modifique una conducta y no lo
logre, creas que te está retando o que simplemente no te hace caso a lo que
dices.
En el pensamiento
adolescente, en verdad la mayoría de las veces, si quieren hacer las cosas bien,
pero están tan conflictuados que les cuesta mucho trabajo lograr lo que les
pides.
Para poder modificar
conductas es importante enfatizar en
acto – consecuencia.
Cuando hacemos
consciente la consecuencia de la conducta, podemos estar casi seguros que la
mala conducta no se repetirá.
Al aplicar una
consecuencia debemos saber ¿qué es lo
que más le duele perder al adolescente?, y así podremos lograr modificar la
conducta negativa, si por ejemplo; a tu hijo le encanta ir a fiestas y llegar tarde de una, la consecuencia podría ser
que dejara de asistir a un par de estas en el futuro próximo, por lo tanto, el
modificara la conducta porque obtuvo una consecuencia que no le gusto.
Debemos tomar en
cuenta el antecedente que vamos a dejar en nuestros adolescentes, porque si no
se cumple la consecuencia, la conducta errónea nunca se modificara y los
problemas irán en aumento.
Es importante que la
consecuencia sea fácil de cumplir, y no decirle que si hace algo mal no ira de
vacaciones con la familia, cuando sabemos que irremediablemente ira, porque no
hay con quien se quede y tengamos que retractarnos de lo que le habíamos dicho
que sucedería.
Si el adolescente
tiene un antecedente de que sus padres
siempre le aplican las consecuencias, será mucho más fácil obtener el cambio y
una conducta adecuada en nuestro hijo.
Debemos tener claro
que las consecuencias (en el caso de una conducta negativa) y estímulos (en
caso de una conducta positiva), deben aplicarse en todas las circunstancias.
Esto es, promover las conductas positivas y desanimarlos en el tema de las
conductas no deseadas.

Es importante en cuanto a la modificación de conductas, conocer las etapas de la adolescencia, así sabremos que esperar de nuestro hijo, cada vez que le apliquemos una consecuencia o le demos un estímulo.
Adolescencia temprana ( entre los 11-13 años) Se centran en la construcción de su imagen, condicionada
por los cambios que se les presentan, tanto físicos como biológicos, cada vez
utilizan más el pensamiento y procesamiento lógico, sin descartar que también
utilizan más la razón para elaborar sus juicios.
Adolescencia media (entre los 14-15 años) Se esfuerzan por relajar y aligerar más los lazos que
los unen a sus padres, empiezan a ser emocionalmente independientes, aumentando
sus capacidades intelectuales, comienzan también a experimentar con sus ideas,
buscan relacionarse con sus iguales y el sexo opuesto. En este momento empiezan
a exigir independencia, se esfuerzan por demostrar responsabilidad sobre sí
mismos y sus acciones. Conocen a su entorno y sociedad, buscando encontrar su
lugar en ella.
Adolescencia tardía (16 años en adelante) Muestran estabilidad en su identidad y al grupo al que
pertenecen. Ya están más integrados psicológicamente, con una visión coherente
de su entorno, se muestran equilibrados en su realidad y sus esferas de
desarrollo afectiva-parental y social.
En esta última etapa,
no quiere decir que ya han madurado lo suficiente, para hacerse cargo de ellos,
cada adolescente es diferente y habrá algunos que tendremos que estar un par de
años más sobre ellos y habrá los otros, que a partir de esta edad sean lo
suficientemente responsables de manejar sus conductas adecuadamente.
Psic.Maria Lara